No es fácil reconocer nuestro edificio principal sin su característico makuti (a estas alturas no me creo que no sepáis lo que es un makuti). Está como desnudo ¿verdad?

Os aseguro que tampoco es nada fácil la labor de los que renuevan los makutis, pero los Mijikenda son verdaderos expertos en la construcción de makutis, viéndoles trabajar hasta parece fácil.

Con todo, lo más complicado está siendo continuar sirviendo las más de 200 comidas diarias que normalmente servimos (y 150 desayunos, y otras tantas cenas), porque llevamos tres semanas sin techo en el comedor…