Socorrer a los niños sin ayudar a las familias resulta tarea imposible. Además, nuestra labor se hace más sólida, abarca a más personas y tiene mayores garantías de futuro con el desarrollo de las comunidades empobrecidas entre las que nos movemos. No se trata de sacar a los niños de estas comunidades atrasadas, aunque a veces la extrema condición del niño lo aconseje y haya que hacerlo, sino desarrollarlas a través de los más jóvenes, que son sin duda su futuro.
Esta forma de actuar nos permite coordinar las iniciativas desde la ONG, hacerlas más eficaces, con más garantías de implante y sostenimiento, menos vulnerables al abandono, el cansancio, los efectos de las crisis y el resto de los inconvenientes que pueden vencer fácilmente una empresa sin apoyo. Hacemos hincapié en la mujer como agente de mayor confianza, que dedica parte de sus beneficios a sus hijos y apuesta por la regularidad y la constancia.
Tenemos identificadas las necesidades, ganada la confianza de estas gentes, el equipo humano necesario y los planes ayuda. Sólo necesitamos dinero para llevarlos a cabo.