El lugar donde trabajamos es una isla situada al norte de la costa de Kenia en la que viven más de veinte mil personas.
Hablar de Lamu es hablar de África, un mundo olvidado que experimenta un deterioro constante en sus condiciones de vida por causa del sida, la pobreza, la escasez de agua potable, los conflictos étnicos y las guerras que lo asolan.
Azotada por una sequía que dura años, la Isla padece la hambruna que en el Cuerno de África sufren millones de personas. La carestía de los alimentos básicos y la crisis política de finales de 2007 y principios de 2008, junto con la ola de violencia que la acompañó, han hecho que se reduzca drásticamente el turismo, principal fuente de ingresos de Kenia.
La situación se agrava con la llegada de refugiados de las tribus vecinas, Boni, Orma, Pokomo, Borana, Giriama o Bajun, que huyen de la inseguridad y la violencia que genera la guerra de la vecina Somalia y de la miseria de un campo reseco. Vienen hasta aquí sin nada y se encuentran con una tierra que tiene muy poco para acogerlos.